lunes, 12 de diciembre de 2011

Salida de emergencia


Estaba a punto de caerse de nuevo, reducido a aceptar las razones del otro. Necesitaba alguien que lo curara y ella no parecía notarlo. Preciosa y ridícula le resultaba su vida y aunque quería no podía encontrar la forma de cambiarla.
Malquerido y dañado, otra noche más se le pasaría ante los ojos. Otra noche, en la que pediría un poco más de lo que no podía servirle. Así, como un gallito ciego se encaminaría con gusto hacia su perdición. Defendido y culpable de su propia causa, seguiría siendo igual hasta que cortara sus cadenas.
Mientras tanto alimentaría sus noches jugando al ave de presa. Triste realidad la suya que parecía tenerlo todo, desheredado para siempre por su miserable reina.
Por más que se lo dijeran no lo creería y no querría verlo. Debía poner en riesgo su existencia para poder sentir algo. Sentir algo a toda costa, a costa suyo. Acostado amargamente en las redes de quien era incapaz de saciarlo.
Como un vagabundo que transita llorando un dolor infligido por lo que no se puede tener. Llorando solo hasta el momento en el que se renuncia a una vida sin amor. El momento en que se encuentra la negada salida de emergencia. 

miércoles, 10 de agosto de 2011

J.D.D


Debía vencerse a sí misma le dijeron, pero ella había firmado el armisticio antes de la guerra. Iba a dejar que otro lo gritara y tuviera su momento. Ella no quería su momento, no lo había pedido por cuestión de principios y se lamentaba de no haber podido escaparse a tiempo. Actuó por impulso, conmovida por el dolor propio y ajeno, mientras muchos se ensuciaban las manos con la sangre derramada. Muchos con las manos limpias cansadas de lavárselas porque siempre las tenían sucias. Siempre atentas esperando su tajada y dispuestas a hacer lo que sea por una parte del todo.
Nadie oía ni veía en la tierra de la nada y los eufemismos estaban a la orden del día en el momento en que había que pensar. Así las vidas se sucedían y las muertes cotidianas se ninguneaban.
Ingenuos seguirían siendo aquellos que creyeran en algo que no valía nada y con lo que no pudieran ser comprados. Esperaba que el pan se les atragantara a los que dirigían el circo de los sin escrúpulos. Los héroes con pies de barro de la próxima cosecha ya estaban designados y sólo restaba elegir al que resultara menos malo. A veces le costaba creer el grado de delirio colectivo alimentado por argumentos predigeridos vía digital (la política de la nueva era le decían).
Podían acusarla del cargo de blanda, cobarde o idealista, pero nunca de idiota o ventajera. Subestimar a alguien es insultarlo dos veces: creer que no es capaz de pensar y no dejar que lo haga. No tenía una parte en el asunto, no ganaba nada con ello y por eso le dolía la realidad cotidiana de los que vivían a costa del otro. Sabía que no era la única y a veces se preguntaba si habría un día para ellos.







lunes, 18 de julio de 2011

Un cero a la izquierda


Quisiste bendiciones,
unciones antes de tiempo.
Lloraste solo
y te aturdiste porque
el aire te quemaba
y le pediste agua a las rosas
que se te marchitaron.


Estaba a punto de salir a comprar cigarrillos, pero recordó que no fumaba. Observó la escena que transcurría a su alrededor y pensó qué sería de su vida en poco tiempo. Había pedido con fuerzas algo, con sus ojos deshechos, pero el tedio la estaba cansando. Se asustaba a veces pensando que su vida era distinta a lo que debía ser. Revolverlo todo era su especialidad, pero hubiera deseado haber nacido con falsa conciencia.
La letra resonaba en su mente y se refractaba en mil emociones. Era un ser sensible, encerrado en su propia trampa y ella se lo hubiera querido decir a través de sus murallas preventivas. Le hubiera dicho que después de escucharlo, había escrito un poema inconcluso que nunca se podría perder en el ciberespacio y del que sólo le quedaban fragmentos existenciales. Su poema era como un niño abortado antes de nacer. Un grito silencioso. Sabía que él probablemente no se asustaría si se lo decía todo, acostumbrado a los golpes como estaba. Si ella hubiera sido distinta, le habría dicho la verdad. Si él hubiera sido distinto, las cosas no serían como eran.
Entonces sólo le quedaba eso, un despojo de poema sin título como un niño huérfano y errante. Un poema que se semejaba a su inspiración: un amasijo de sangre y sentimiento, un alma blanca y baldía, una letra sin música ni músico que la interprete. Un poema que no es más que un cero a la izquierda, deambulando solo en el mundo de los pares…

(Silencio es todo lo que queda.)

"Lo que se deja expresar, debe ser dicho de forma clara; sobre lo que no se puede hablar, es mejor callar". Ludwig Wittgenstein