domingo, 12 de diciembre de 2010

Hannah y el lugar equivocado


Estaba todo claro. La alegría de esos momentos en que se es feliz con muy poco. Con un gesto inadvertido que para ella era todo. Si pinchaba, ya no dolía porque se había acostumbrado a sus modos, los conocía y no se ocupaba de evitarlos. Eran parte del juego y la alimentaban. Estaba en su casa un día, buscando un par de medias en sus cajones, cuando encontró la nota en su cuaderno:
-“Y si te parece que el sol te va a encandilar, hacete a un lado y quedate conmigo viendo el último día que nos queda”- leyó.
Pensó y escribió:
- “El último día que nos queda es ese en que empezaremos todo de nuevo otra vez”.
Tenían la costumbre de dejarse notas y contestarse. Eran pequeñas sorpresas que se ocupaban de conservar todos los días lo que eran. Pequeñas sinfonías con los acordes justos, como la armonía de los instantes en que todo está en su espacio y tiempo. Se acordaba de la primera vez que lo hizo reír y lo bueno que estuvo ese momento, como se le iluminó la cara y como llegó a creer que aunque nada más pasara, siempre quedaría eso. Si lograba lo que quería, sabía que tal vez iba a ser difícil y que podía llegar a salir perdiendo de nuevo. Pero no le importaba, siempre que tuvieran esos momentos.
La típica melodía sonó en la radio y reconoció la canción.       
-“… y me queda verte
a vos…
y en el lugar equivocado…
Y qué es lo correcto
en el lugar equivocado.
Decime vos qué es lo correcto…”
- Lo correcto sería que hubiese cerrado la boca a tiempo. Soy la amenaza terrorista de mis propias relaciones- le dijo aquella vez su amiga llorando.
- No te cargues el 100 %. Vos sabés que la culpa es compartida y sólo diste el tiro de gracia- le contestó para consolarla.
- Pero siempre tengo la maldita costumbre de empezarla yo.
- Porque sos honesta y te cuesta comprarte buzones…
- ¿Qué puedo hacer para cambiar de una vez?
- No le veo sentido a cambiar, es algo bueno y es lo que me gusta de vos.
- Como dice esa canción, ¿cómo es que se llama?
- “En el lugar equivocado”
- Sí, “decime qué es lo correcto, si siempre estoy en el lugar equivocado”.
- Pero, ¿no te parece que hemos estado todos alguna vez en el lugar equivocado? Lo mejor fue lo que hiciste, te diste cuenta y te fuiste. Yo estuve como dos años en el lugar equivocado. La persona incorrecta, el lugar equivocado y yo incapaz de hacer nada.
- Sí, puede ser…
- No te sientas mal, hiciste lo que debías.
- Solo estoy en un mal momento…
- Y es tu mal momento, como decís siempre vos.
- Nos podríamos dedicar a hacer un dúo cómico.
- Sí y que nos paguen por cada mala relación que tuvimos. Mejor reíte y no llores.
- Siempre en el lugar equivocado.
- Hasta que un día encuentres lo que necesites.

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(Bonus track : “En el lugar equivocado” . Letras: Hannah O. Música: la que te guste)


Algún día,
estaré en el lugar correcto.
Mientras tanto
seguiré intentando
aunque me pierda
en el lugar equivocado.
Mientras tanto
seguiré intentando…

Fuera del tiempo,
¿seguiré siempre
en el lugar equivocado?
Perdiendo el tiempo,
en el lugar equivocado.
Dando vueltas,
fuera de mí…

Y qué es lo correcto,
decime vos qué es lo correcto
si siempre estoy
en el lugar equivocado.
Y me queda verte
a vos
y cómo te esforzaste por tenerlo
pero seguís igual
como yo
en el lugar equivocado.
Sin saber quién sos
y en el lugar equivocado.

Algún día
estaré en el lugar correcto.
Mientras tanto
seguiré intentando
aunque me pierda
en el lugar equivocado.
Mientras tanto
seguiré intentando…

En el lugar de otro,
el sin tierra de mi vida
y me penalizan
por estar en lo incorrecto…
Pero decime vos qué es lo correcto
si siempre estoy
en el lugar equivocado.
Vos y yo
en el lugar equivocado.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Hannah y la jauría



 Sí, pensaba demasiado hasta que se le quemaba la cabeza. A veces no sabía cómo hacer para que sus manos fueran tan rápido como sus ideas y detener a esa jauría salvaje que la acechaba por dentro.
- ¡Ahora vamos a ver al nuevo participante de la nooooooche!- decía con excesivo histrionismo el conductor del programa de éxito.
Cambió de canal y puso las noticias.
- ¡Ultimo momento! Balean a un chico sospechado de cometer un robo. La familia pide justicia.
- Dos más dos no siempre es cuatro- dijo en voz alta.
Otro pibe más muerto y ella no podía parar sus pensamientos.
Mil bocas la acechaban, llena de sangre y fuego como estaba.  Nueve meses de elipsis en su vida y ya no recordaba por qué. Por qué lo había querido mucho y cómo un día dejó de perderse en él. Su histeria de siempre diciendo no. Era como siempre, las mil bocas dormían en otros besos y la jauría acechándola una vez más. Había que hacerlas callar… Se miraba en el espejo y lo buscaba en sus ojos pero no lo encontraba. No había nada. Como si esos nueve meses hubiera estado en una especie de elipsis y volviera inmune de marcas y recuerdos. Miraba para todos lados, cerraba los ojos y trataba de evitarlas. Pensó que si lo dejaba entonces se irían, pero ellas seguían ahí. Cuando esperaba para cruzar una calle, en la cola del cajero, la miraban siempre fijo sin acercársele. Eran sombras que la rondaban y que cuando dormía se alimentaban de sus exhalaciones. Una noche, mientras hablaba con un amigo, aparecieron cuatro y tras un titubeo pudo seguir la conversación. Notó que un par la observaban, querían que les diera algo, algo que tal vez las haría grandes, algo que nunca podrían llegar a entender… No iba a dejarlas ganar aunque se rompiera los huesos. Muchos deambulaban por la vida, gente querida que estaba llena de luz pero que no había podido vencerlas. No iban a poder con ella. Ellas lo sabían y sólo podían auscultarla a la distancia anhelando el momento que nunca tendrían, absorbiéndole el aliento. Una sola vez se atrevió a sentir pena por una de ellas, pero estaba claro que ese ya no era su problema.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Hannah y las utopías


- Es cierto, yo también alguna vez quise cambiar el mundo, pero ahora no, ya ves cómo son las cosas- le dijo un día su padre.
-……
La interrumpió antes de que pudiera retrucarle algo. No siempre el que calla otorga. Y siguió:
- Pero no me quejo, la verdad que no, con el tiempo he logrado todo lo que tengo. A vos nunca te faltó nada, ¿no?
¿Era una pregunta retórica o tal vez una autoafirmación que se decía para convencerse de que todo estaba bien? ¿Era por eso que cuando ella visitaba a sus padres, notaba ese silencio entre ellos, esa tensión de punta de cuchillos? “Juntos por los chicos”, pensó y se le ocurrió que era un buen nombre para una banda.
-Mirá hija, no te hagas más problemas. ¿Cómo está ese chico con el que salías, el artista?
- Me peleé hace tres meses, ¿no te acordás que lo dejé?
- Ah, sí, lo que pasa es que vos y tu hermano me marean con sus noviazgos, no les duran nada… Pero era artista, ¿no?
- Fotógrafo y no tenía laburo. Me tenía cansada.
- Y vos sos muy independiente y con tantas ideas, ya vas a conocer a alguien mejor. Pero no te gastes en cambiar el mundo, no hay nada que hacerle, esto fue y va a seguir siendo igual.
- Papá ya sabés que me niego a adaptarme, no voy a ganar pero lo voy a intentar.
- Está bien yo a tu edad pensaba igual.
- Mirá vos, no sabía que los ideales vienen con fecha de vencimiento…
- Con los ideales no se come.
- Pero se duerme tranquilo.
- ¿Y si no tenés dónde dormir?
- Tenés tu vida y tus principios que nadie te los puede quitar. Ni siquiera esa empresa de mierda para la que trabajo y que me chupa la sangre.
- Ay hija, me preocupás mucho a veces.
- No te preocupes que tengo qué comer y dónde dormir.
Miró la hora, se hacía tarde para continuar la conversación habitual de bueyes perdidos.
- Me tengo que ir. Mandale saludos a mamá y decile que en la semana paso a verla.
- Bueno, hija, cuidate mucho por favor, ya sabés que pensás demasiado…
- Sí, papá, no te preocupes, voy a estar bien.
Le dio un beso y se fue. Su padre se quedó un momento pensando y encendió el televisor.