jueves, 6 de febrero de 2014

Siberia # 3



Estaba por despegar y sabía que no iba a volver luego de un par de vidas. Llevaba mucho tiempo esperando salir al mundo cuando este fuera un lugar mejor.
Eran ya muchos meses de silencio interno, sin escuchar las voces de las mil bocas. El bloqueo seguía igual que el mundo y no podían salir las palabras esperadas…
Los tugurios ya no podían albergarla por las noches y los brazos que alguna vez creyó necesitar no pudieron salvarla. 
Ahora le pertenecía a la nieve que la acompañaba en cada rincón por el que transitaba. El hielo era como una fuerza que la sobrepasaba y que le hacía sentir que todo iba a estar bien. Solo contaba con sus propias manos para quebrarlo y con su voluntad para darse cuenta qué efímera que podía ser su existencia.
Se había estado preparando desde hacía tiempo para ese momento, sólo que no sabía de lo que era capaz. Cuando estuviera lista, despegaría sus pies del suelo dejando sus zapatillas rojas en el camino.
Caminaría descalza en el frío de la estepa, sin nada ni nadie a la vista. Caminaría hasta encontrar lo que buscaba, siempre atenta a los símbolos y señales que le indicarían la dirección hacia su fuente de alimento.

Aunque no había muchos árboles a la vista, debía encontrar un espacio secreto en donde estuviera la vida para poder sobrevivir. Necesitaba un lugar sagrado, su Siberia sería un sitio de luz. Un oasis en el medio de la nieve.

miércoles, 15 de enero de 2014

Decálogo para el nuevo año:



1 • ahorrarse el inventario de problemas propios irresolubles, 
2 • saltear la lista de frases hechas por conveniencia, 
3 • evitar el disimulo de la mueca de desagrado,
4 • borrar del propio guión la complacencia y la autoindulgencia, 
5 • concentrarse en lo propio sin mirar de soslayo al costado, 
6 • no pensar en las razones del disgusto para no caer en enumeraciones infinitas de adjetivos aplicables a cierta especie humana,
7 • dejar que las estrellitas estacionarias se consuman solas,
8 • esperar a que los especuladores de emociones caigan en bancarrota,
9 • decir todas las veces que sea necesario no y, por último,
10• dejar todo y empezar de nuevo cuando parezca que ya no queda nada.

Siberia # 2


Estaba en un momento de inflexión, pronta a lanzarse desde un acantilado. Tenía que decidirse antes de que la nieve se derritiera y el agua tibia comenzara a arrullarla dulcemente.
Estaba en Siberia, conocía cada uno de sus accidentes, sus escasos árboles ya lo no la abrigaban y el viento no era más que un viejo eco.
¿Dónde iría? ¿Cómo lo haría? Debía lanzarse fuera del monótono paisaje para encontrar lo que muchos buscaban desde infinitos siglos. Pero no debía olvidar que debía hacerlo con plena conciencia y nunca desde el revanchismo.
Tenía que llegar a ser mucho más de lo que creía que era capaz de hacer por amor. Ir hasta la raíz de sí misma para poder mirarse a los ojos y reconocerse.
Confiar, necesitaba volver a confiar en alguien. Necesitaba saber que no estaba sola, que había muchos como ella. Muchos dispuestos a nacer de nuevo para llegar a ser lo que tenían que ser.

El silencio se estaba por agotar, la inacción dejaría lugar al movimiento. Se acercaba el momento en que debía sacar a relucir sus instintos, como un tigre que se le apareció entre sueños. La bestia caminaba lenta pero atenta a la menor e inminente señal. Era bella y salvaje al mismo tiempo y con su insistente mirada intentaba decirle algo, algo que ella ya sabía pero que no se acordaba.