sábado, 14 de junio de 2014

Nuevo viaje al círculo blanco: Hardcore




Esperaba sentir algo. Luego de tanto tiempo se había determinado a perdonar. Pero algunos días los recuerdos estaban cerca y volvían como flashes indeseados.
Eran otros tiempos, otra gente cerca, un buen momento para saborear la soledad y la calma. Qué feliz se podía ser sin nada. Le faltaba terminar con las ganas de restregarle a algunos la cara contra el piso.
Se esforzaba por caminar liviano en la estepa siberiana. Solo Dios sabía cuánto se esmeraba por no desear controlar nada y aceptar las cosas como se le presentaban.
Caminar hacia el próximo círculo blanco, uno más dentro del infinito caleidoscopio. Cada vez que entraba en uno, pasaba al siguiente. El trayecto era largo y necesario, si quería llegar al núcleo duro de su alma.
Cada vez estaba más cerca. Esa parte que había estado dormida por tanto tiempo, estaba comenzando a despertarse. El miedo de abandonar su zona de confort a veces se entrometía. Debía combatir todo intento de seguridad, si quería encontrar lo que buscaba.
Hoy no era el día para descansar.

Siberia V


Estaban ahí, se dio cuenta, los trazos de los símbolos que le indicarían el camino. Después de todo, siempre se las había arreglado para volver a casa.
Uno, dos, tres puntos para completar la figura sagrada. Mucho tiempo después seguirían resonando los ecos y las imágenes refractadas.
Lo había dejado todo lejos y no pararía hasta conseguirlo. No importaba cuánto tiempo faltara, ya había empezado a ser el momento.
Libre al fin de pensar en el amor perdido, no quería nada propio, ni siquiera su cuerpo que a veces la detenía. No necesitaba nada más que sus manos y la ayuda de algo más grande, algo que sabía que estaba ahí.
Algo que los demás también conocían; pero que por alguna razón buscaban golpeándose entre las paredes. Por eso vivían magullados, llenos de ansias de liberación. Hasta el momento en que pudieran convertirse en pura energía.
Un atardecer bajo la nieve, ella y el tigre se dieron cuenta de que algo estaba empezando en ese preciso momento. Permanecieron quietos y atentos observando el azul del hielo.
Luego, soplaría el viento fresco una mañana y en sus oídos les dejaría el mensaje.
Escribiría los símbolos, desde sus manos hasta sus brazos desplegados. Los colores se grabarían en su piel y el agua sería algo más que vida.
Llegaría ese momento, en que lo anticipado sería el presente y las piezas se conectarían con el todo.

jueves, 6 de febrero de 2014

Siberia # 4



La nieve estaba ahí, en la puerta de su casa para recordarle lo que creía haberse olvidado. Primero había sido roja, luego blanca. El momento se estaba acercando. El tigre tenía que salir a cazar y ya era tiempo de que dejara de morderse la cola insistentemente.
La bestia lo sabía cada vez que ella la miraba a los ojos. Entonces se ocupaba de tranquilizarla con las mismas palabras de siempre. “todavía no es el momento”.
Pero el instante se acercaba, lo intuía todos los días cuando miraba por la ventana y veía todo más luminoso. Sabía que ya no iba a tener que esperar más.
Caminaba por las calles de siempre y se encontraba con sonidos o aromas lejanos en los lugares menos pensados. Se aburría más seguido de todo lo conocido y las puertas se cerraban indicándole un solo camino. Ya era hora de pensar en el cómo.
Una vez comenzada la travesía, no haría falta pensar en los detalles del regreso. Tampoco tendría que esforzarse por encontrar a las personas indicadas, ellas ya la estaban esperando. Finalmente las piezas encajarían. Solo necesitaba aclarar sus ideas y organizarse para concretarlas. Tener tiempo suficiente para hacerlo, era el requisito más urgente.
Debía aprender a llevar equipaje liviano, a no prestar atención  a las provocaciones de los cara de nada. Debía sacarse al fin la piel, para llegar a los huesos y encontrar que eran de ébano en medio de una dictadura de rouge.
Nadie lo sabía porque las máquinas normalizadoras mentales los hacían trabajar para mantenerse vivos. Si paraban, creían que era del fin del mundo y la ironía era que así la vida se les consumía.
Había que decir que no para apostar a la vida que ella quería.