viernes, 5 de septiembre de 2014

Siberia VI: viaje homenaje hacia el núcleo amor-amarillo.




Separada de la especie, ella estaba sentada en su lugar de siempre pensando por dónde estaría aquello que andaba buscando. Tanta hambre sin satisfacción, no se llenaba con cosas mundanas.
Esa mañana había un poeta menos en la tierra de seres sin alas. Él ya era una piedra en medio del agua, seca por dentro. Se había ido de una buena vez a dar una nueva vuelta por el universo.
Reconoció que tal vez era capaz de olvidar porque si no lo hacía, podía morirse. Porque estaba cansada de poner el dedo en la llaga.
Caminó por las calles azules de su ciudad fantasma, casi sin furia. No sabía exactamente cuánto tiempo faltaba, pero había dejado de sentir la pérdida.
El tiempo era como arena en sus manos y pronto cruzaría el puente hacia su destino esperado. Un lugar de luz la estaba esperando. Un espacio para celebrar. Estaba segura que en este momento él ya lo conocía.
Rompería las reglas porque quería hacer cosas imposibles. Solo debía seguir detrás del corazón, en calma, moviéndose lentamente hacia donde los signos le indicaran.  
Necesitaba saber la dirección para volver al origen y al principio, para abandonarse y renacer.
“Cuando te busco /no hay sitio en donde no estés” cantaba él, entonces tenía que tener fe en que lo encontraría en el instante de tiempo y espacio precisos. Entraría en esas ruinas y ya no tendría que hablar más.
Contaría hasta tres y llamaría a la puerta correcta, en el azul de un cielo eterno. Con el deja vu de saber que ya había estado antes ahí.
Estaba lista para ser amada.

Gracias G.C. (1959-2014)

sábado, 21 de junio de 2014

Viaje hacia el núcleo azul: a long and hard blues


"-Goodbye, my love. Just say goodbye and drive safe.”



Ese día estaba para vestirse de azul. No quería que otro le dijera que estaba triste y la ironía de un pasado que volvía para morderla por atrás no le resultaba graciosa. 
Disolverse en la nada, es lo que estaba necesitando. Después de lo que había pasado, se veía que el tiempo la curaba muy despacio.
Pero la fe la mantenía, porque muy pronto todo recomenzaría. El río seguiría corriendo y la limpiaría con sus aguas sagradas.
Esa réplica vieja suya, se había ido. Ahora se tenían que desvanecer el resto de los fantasmas.
Exorcismo o terapia de choque, eran las posibles salidas. Tal vez necesitaba hablarles en distintos idiomas para espantarlos de su mente.
Por eso empezaría a ser bilingüe. Tenía que practicar para poder comunicarse mejor con los de la otra mitad.
-Yes, one way ticket. Not planning to return in a year, maybe.
Les diría adiós y hasta el próximo año.
-Not wanting to stay, like the frog that get’s boiled in warm water.
-Ya sabés, es agua tibia y luego te empezás a quemar. Cuando te diste cuenta ya es demasiado tarde y sos el puchero de alguien.
-Then you have a gun pointing at you and a lousy job, or a big debt or a marriage...
-Y no podés decir que no te lo buscaste, echándole toda la culpa a la presión social.
-You talk to your lawyer: “I don’t know what‘d happen to me”.
- Fue emoción violenta.
- Got the blues?
Sí, un largo y duro blues.

sábado, 14 de junio de 2014

Nuevo viaje al círculo blanco: Hardcore




Esperaba sentir algo. Luego de tanto tiempo se había determinado a perdonar. Pero algunos días los recuerdos estaban cerca y volvían como flashes indeseados.
Eran otros tiempos, otra gente cerca, un buen momento para saborear la soledad y la calma. Qué feliz se podía ser sin nada. Le faltaba terminar con las ganas de restregarle a algunos la cara contra el piso.
Se esforzaba por caminar liviano en la estepa siberiana. Solo Dios sabía cuánto se esmeraba por no desear controlar nada y aceptar las cosas como se le presentaban.
Caminar hacia el próximo círculo blanco, uno más dentro del infinito caleidoscopio. Cada vez que entraba en uno, pasaba al siguiente. El trayecto era largo y necesario, si quería llegar al núcleo duro de su alma.
Cada vez estaba más cerca. Esa parte que había estado dormida por tanto tiempo, estaba comenzando a despertarse. El miedo de abandonar su zona de confort a veces se entrometía. Debía combatir todo intento de seguridad, si quería encontrar lo que buscaba.
Hoy no era el día para descansar.

Siberia V


Estaban ahí, se dio cuenta, los trazos de los símbolos que le indicarían el camino. Después de todo, siempre se las había arreglado para volver a casa.
Uno, dos, tres puntos para completar la figura sagrada. Mucho tiempo después seguirían resonando los ecos y las imágenes refractadas.
Lo había dejado todo lejos y no pararía hasta conseguirlo. No importaba cuánto tiempo faltara, ya había empezado a ser el momento.
Libre al fin de pensar en el amor perdido, no quería nada propio, ni siquiera su cuerpo que a veces la detenía. No necesitaba nada más que sus manos y la ayuda de algo más grande, algo que sabía que estaba ahí.
Algo que los demás también conocían; pero que por alguna razón buscaban golpeándose entre las paredes. Por eso vivían magullados, llenos de ansias de liberación. Hasta el momento en que pudieran convertirse en pura energía.
Un atardecer bajo la nieve, ella y el tigre se dieron cuenta de que algo estaba empezando en ese preciso momento. Permanecieron quietos y atentos observando el azul del hielo.
Luego, soplaría el viento fresco una mañana y en sus oídos les dejaría el mensaje.
Escribiría los símbolos, desde sus manos hasta sus brazos desplegados. Los colores se grabarían en su piel y el agua sería algo más que vida.
Llegaría ese momento, en que lo anticipado sería el presente y las piezas se conectarían con el todo.

jueves, 6 de febrero de 2014

Siberia # 4



La nieve estaba ahí, en la puerta de su casa para recordarle lo que creía haberse olvidado. Primero había sido roja, luego blanca. El momento se estaba acercando. El tigre tenía que salir a cazar y ya era tiempo de que dejara de morderse la cola insistentemente.
La bestia lo sabía cada vez que ella la miraba a los ojos. Entonces se ocupaba de tranquilizarla con las mismas palabras de siempre. “todavía no es el momento”.
Pero el instante se acercaba, lo intuía todos los días cuando miraba por la ventana y veía todo más luminoso. Sabía que ya no iba a tener que esperar más.
Caminaba por las calles de siempre y se encontraba con sonidos o aromas lejanos en los lugares menos pensados. Se aburría más seguido de todo lo conocido y las puertas se cerraban indicándole un solo camino. Ya era hora de pensar en el cómo.
Una vez comenzada la travesía, no haría falta pensar en los detalles del regreso. Tampoco tendría que esforzarse por encontrar a las personas indicadas, ellas ya la estaban esperando. Finalmente las piezas encajarían. Solo necesitaba aclarar sus ideas y organizarse para concretarlas. Tener tiempo suficiente para hacerlo, era el requisito más urgente.
Debía aprender a llevar equipaje liviano, a no prestar atención  a las provocaciones de los cara de nada. Debía sacarse al fin la piel, para llegar a los huesos y encontrar que eran de ébano en medio de una dictadura de rouge.
Nadie lo sabía porque las máquinas normalizadoras mentales los hacían trabajar para mantenerse vivos. Si paraban, creían que era del fin del mundo y la ironía era que así la vida se les consumía.
Había que decir que no para apostar a la vida que ella quería. 

Siberia # 3



Estaba por despegar y sabía que no iba a volver luego de un par de vidas. Llevaba mucho tiempo esperando salir al mundo cuando este fuera un lugar mejor.
Eran ya muchos meses de silencio interno, sin escuchar las voces de las mil bocas. El bloqueo seguía igual que el mundo y no podían salir las palabras esperadas…
Los tugurios ya no podían albergarla por las noches y los brazos que alguna vez creyó necesitar no pudieron salvarla. 
Ahora le pertenecía a la nieve que la acompañaba en cada rincón por el que transitaba. El hielo era como una fuerza que la sobrepasaba y que le hacía sentir que todo iba a estar bien. Solo contaba con sus propias manos para quebrarlo y con su voluntad para darse cuenta qué efímera que podía ser su existencia.
Se había estado preparando desde hacía tiempo para ese momento, sólo que no sabía de lo que era capaz. Cuando estuviera lista, despegaría sus pies del suelo dejando sus zapatillas rojas en el camino.
Caminaría descalza en el frío de la estepa, sin nada ni nadie a la vista. Caminaría hasta encontrar lo que buscaba, siempre atenta a los símbolos y señales que le indicarían la dirección hacia su fuente de alimento.

Aunque no había muchos árboles a la vista, debía encontrar un espacio secreto en donde estuviera la vida para poder sobrevivir. Necesitaba un lugar sagrado, su Siberia sería un sitio de luz. Un oasis en el medio de la nieve.

miércoles, 15 de enero de 2014

Decálogo para el nuevo año:



1 • ahorrarse el inventario de problemas propios irresolubles, 
2 • saltear la lista de frases hechas por conveniencia, 
3 • evitar el disimulo de la mueca de desagrado,
4 • borrar del propio guión la complacencia y la autoindulgencia, 
5 • concentrarse en lo propio sin mirar de soslayo al costado, 
6 • no pensar en las razones del disgusto para no caer en enumeraciones infinitas de adjetivos aplicables a cierta especie humana,
7 • dejar que las estrellitas estacionarias se consuman solas,
8 • esperar a que los especuladores de emociones caigan en bancarrota,
9 • decir todas las veces que sea necesario no y, por último,
10• dejar todo y empezar de nuevo cuando parezca que ya no queda nada.

Siberia # 2


Estaba en un momento de inflexión, pronta a lanzarse desde un acantilado. Tenía que decidirse antes de que la nieve se derritiera y el agua tibia comenzara a arrullarla dulcemente.
Estaba en Siberia, conocía cada uno de sus accidentes, sus escasos árboles ya lo no la abrigaban y el viento no era más que un viejo eco.
¿Dónde iría? ¿Cómo lo haría? Debía lanzarse fuera del monótono paisaje para encontrar lo que muchos buscaban desde infinitos siglos. Pero no debía olvidar que debía hacerlo con plena conciencia y nunca desde el revanchismo.
Tenía que llegar a ser mucho más de lo que creía que era capaz de hacer por amor. Ir hasta la raíz de sí misma para poder mirarse a los ojos y reconocerse.
Confiar, necesitaba volver a confiar en alguien. Necesitaba saber que no estaba sola, que había muchos como ella. Muchos dispuestos a nacer de nuevo para llegar a ser lo que tenían que ser.

El silencio se estaba por agotar, la inacción dejaría lugar al movimiento. Se acercaba el momento en que debía sacar a relucir sus instintos, como un tigre que se le apareció entre sueños. La bestia caminaba lenta pero atenta a la menor e inminente señal. Era bella y salvaje al mismo tiempo y con su insistente mirada intentaba decirle algo, algo que ella ya sabía pero que no se acordaba. 

sábado, 4 de enero de 2014

Siberia # 1




No creía poder rescribir esa noche. Ni llorar, al menos más que de bronca.
Outsider de todos lados, el callejón se estrechaba y la empujaba a tomar una determinación. No quedaba nada a la vista para agotar, ya la rutina le indicaba que si la seguía su vida sería eterno aburrimiento.
Estaba aprendiendo a hacer las cosas normales sin quererlo y esto la asustaba porque no era lo que esperaba de sí misma. No quería ser parte del montón: no quería comprar la felicidad en cuotas que le ofertaban; ni la casa con los niños con dientes perfectos o el marido que no la iba a querer, para tener que separarse a los 50 y empezar de nuevo. Se veía tan a la vista, que no hacía falta decir que era predecible.
No podía escribir cosas como estas sin llegar a caerle mal a alguien. No estaba apurada, no pensaba salir en avisos exitistas en los que sería tan solo una parte de su cuerpo. Como si esta fuera la clave para por fin poder ser ella misma. Como si su valor dependiera de otro.
Tampoco tenía ganas de discutirles en la cara a los demás o de explicar sus retorcidas maneras.  Siberia sería el destino inevitable mientras resistiera los intentos de normalización mental. 
Había llegado al punto de no querer dar razones para su aparente sin razón. Ni respuestas para preguntas capciosas acerca de ideologías u opiniones tele dirigidas. Iba a hacer lo que siempre creía haber hecho, 
lo que ella quería. 

Finalmente lo que le importaba no estaba cerca de allí ni por un milímetro. 

sábado, 15 de junio de 2013

Caza solitaria


Lejos tenía que irse para entender el principio de todo, para darse cuenta que estaba mucho mejor de lo que pensaba. Mucho mejor sola.  Fue mímesis absurda e ineficaz, vana inconsistencia.
Una vez más la música estaba fuerte y las ánimas se despertaban.  Tenía escasas certezas. No pensaba festejar nada,  pero no iba a quedarse esperando a que las cosas cambiaran.
La última vez que lo vio, no creía haberlo dejado muerto; entonces por las dudas le cortó la cabeza. Pretender vivir siempre había sido su juego y ella no tenía más tiempo que perder junto a alguien que todavía no había nacido. 
Había logrado seguir adelante, lo había hecho por su cuenta y el saldo a simple vista no parecía favorable. Pero en el fondo sabía que había hecho lo correcto.
No le quedaba otra que sumergirse en el riesgo de intentar ser ella misma, con sus propias condiciones. Allí donde la nada se igualara con el todo, la dejarían o la tomarían; pero nunca sería parte del limbo del desgano.
Lo había decidido, había encontrado la manera para hacerlo de una buena vez. Ya no podía detenerse, no sin antes dar todo lo que tenía.
Sus tristes polaroids perderían el brillo y algo luminoso y radiante las reemplazaría.  Lo sabía,  mejor dicho lo intuía. Lo veía entre sueños despierta.  Faltaba muy poco, cada vez menos para que llegara su momento.  

Mientras tanto observaría atenta las señales y afinaría su olfato. Estaba casi lista para despegar del lugar que le quedaba, pronta a salir a recorrer para emprender la caza solitaria de su alma.

viernes, 26 de octubre de 2012

Hannah y el duelo eterno


Llevaba varios meses inmersa en el ocaso de lo viejo, en la pérdida de todas las certezas, en el ejercicio de no intentar aferrarse a nada conocido. En una sorda batalla, sin aliados, en la que se desafiaba a sí misma.
No podía decirlo con palabras, pero sabía que el duelo eterno había comenzado hacía mucho tiempo.
-El mundo entero siempre tiene razones para tirarte abajo-.
-Pero yo creo que existe lo noble en algún lado- contestó ella.
-No nos vamos a entender. Yo creo más en eso de vivir y dejar morir...- replicó él.
No tenía sentido intentar entablar el diálogo. Pertenecían a dos mundos equidistantes: nihilismo e idealismo.
-Es tarde, me tengo que ir.
-Bueno. Te acompaño hasta la puerta.
Intentó besarla, pero no tenía sentido y ella se lo dio a entender. El hastío es un sentimiento del que conviene escapar a tiempo.
No podía evitar salir corriendo cuando se cruzaba con personas como él, inmersas en su evasión y autocomplacencia. No era su culpa el ser así, ¿de quién era la culpa, entonces? Mejor no buscar culpables ni inocentes, en determinado momento cada uno tiene el destino que le corresponde.
Estaba tranquila porque sabía que cuando dijera las palabras exactas en el momento indicado, encontraría lo que estaba buscando. Sus pies debían seguir firmes, después de todo, y su alma debía estar atenta a su conciencia.
El resto se convierte en prescindible, mientras lo que basta es un paso y luego el otro…

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Noche de maniquíes y playmobils.


Se sentía como un animal enjaulado, con su eterno ruido de distorsión de fondo, ese que a veces no le dejaba pensar. Nunca le había gustado la falsa pirotecnia de los de su era y la de la próxima le semejaba absurdo exhibicionismo.
En el medio de algo que no sabía bien qué era, decidió hacerse a un lado. Sonrisas muy blancas en noche de maniquíes y playmobils. Plato del día: “Respuestas demasiado simples”.
A veces prefería decir no antes que regurgitar los últimos estertores de esta sociedad. Otras veces su morbo no podía escapar al de ellos.
¿A dónde van los deshechos, los adefesios, los desheredados? Ya no hay memorias del subsuelo ni ocultos cazadores. Hasta Don Quijote está más que muerto y enterrado, con una Academia entera que piensa en él.
La venganza de los Avida Dolars ya fue consumada. Los matrimonios blancos se terminaron por diferencias en el contrato y ahora los solitarios se pelean con los descastados por un poco de atención. Todos buscando lo mismo sin saber bien qué.
No hay monedas que entren en las ranuras, sólo queda la vía de la introspección on line. Versión final: réplicas de nosotros mismos, fagocitados para luego vomitarnos con retoques y efectos. Conmovidos todos los días porque no queda otra. Trabajando por la misma razón y duplicándonos porque nos da lo mismo.
Preguntas (¿no intentan ser retóricas?):
¿Hay algo verdadero? ¿Algo único y original que escape a lo vintage?
Sin derechos de autor, ¿será todo tal vez algún día copiado y pegado hasta el infinito? ¿No hay yo? (quién sabe lo que hubo, porque algo existió en ese momento en que se escapó, sin darse cuenta). Entonces, ¿somos todos en el fondo ecuaciones tautológicas?
Antes que termine alguien lo sabrá, luego quizás no. La respuesta no es por vía racional, es por desgaste de la existencia, es por búsqueda luminosa.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Salida de emergencia


Estaba a punto de caerse de nuevo, reducido a aceptar las razones del otro. Necesitaba alguien que lo curara y ella no parecía notarlo. Preciosa y ridícula le resultaba su vida y aunque quería no podía encontrar la forma de cambiarla.
Malquerido y dañado, otra noche más se le pasaría ante los ojos. Otra noche, en la que pediría un poco más de lo que no podía servirle. Así, como un gallito ciego se encaminaría con gusto hacia su perdición. Defendido y culpable de su propia causa, seguiría siendo igual hasta que cortara sus cadenas.
Mientras tanto alimentaría sus noches jugando al ave de presa. Triste realidad la suya que parecía tenerlo todo, desheredado para siempre por su miserable reina.
Por más que se lo dijeran no lo creería y no querría verlo. Debía poner en riesgo su existencia para poder sentir algo. Sentir algo a toda costa, a costa suyo. Acostado amargamente en las redes de quien era incapaz de saciarlo.
Como un vagabundo que transita llorando un dolor infligido por lo que no se puede tener. Llorando solo hasta el momento en el que se renuncia a una vida sin amor. El momento en que se encuentra la negada salida de emergencia. 

miércoles, 10 de agosto de 2011

J.D.D


Debía vencerse a sí misma le dijeron, pero ella había firmado el armisticio antes de la guerra. Iba a dejar que otro lo gritara y tuviera su momento. Ella no quería su momento, no lo había pedido por cuestión de principios y se lamentaba de no haber podido escaparse a tiempo. Actuó por impulso, conmovida por el dolor propio y ajeno, mientras muchos se ensuciaban las manos con la sangre derramada. Muchos con las manos limpias cansadas de lavárselas porque siempre las tenían sucias. Siempre atentas esperando su tajada y dispuestas a hacer lo que sea por una parte del todo.
Nadie oía ni veía en la tierra de la nada y los eufemismos estaban a la orden del día en el momento en que había que pensar. Así las vidas se sucedían y las muertes cotidianas se ninguneaban.
Ingenuos seguirían siendo aquellos que creyeran en algo que no valía nada y con lo que no pudieran ser comprados. Esperaba que el pan se les atragantara a los que dirigían el circo de los sin escrúpulos. Los héroes con pies de barro de la próxima cosecha ya estaban designados y sólo restaba elegir al que resultara menos malo. A veces le costaba creer el grado de delirio colectivo alimentado por argumentos predigeridos vía digital (la política de la nueva era le decían).
Podían acusarla del cargo de blanda, cobarde o idealista, pero nunca de idiota o ventajera. Subestimar a alguien es insultarlo dos veces: creer que no es capaz de pensar y no dejar que lo haga. No tenía una parte en el asunto, no ganaba nada con ello y por eso le dolía la realidad cotidiana de los que vivían a costa del otro. Sabía que no era la única y a veces se preguntaba si habría un día para ellos.







lunes, 18 de julio de 2011

Un cero a la izquierda


Quisiste bendiciones,
unciones antes de tiempo.
Lloraste solo
y te aturdiste porque
el aire te quemaba
y le pediste agua a las rosas
que se te marchitaron.


Estaba a punto de salir a comprar cigarrillos, pero recordó que no fumaba. Observó la escena que transcurría a su alrededor y pensó qué sería de su vida en poco tiempo. Había pedido con fuerzas algo, con sus ojos deshechos, pero el tedio la estaba cansando. Se asustaba a veces pensando que su vida era distinta a lo que debía ser. Revolverlo todo era su especialidad, pero hubiera deseado haber nacido con falsa conciencia.
La letra resonaba en su mente y se refractaba en mil emociones. Era un ser sensible, encerrado en su propia trampa y ella se lo hubiera querido decir a través de sus murallas preventivas. Le hubiera dicho que después de escucharlo, había escrito un poema inconcluso que nunca se podría perder en el ciberespacio y del que sólo le quedaban fragmentos existenciales. Su poema era como un niño abortado antes de nacer. Un grito silencioso. Sabía que él probablemente no se asustaría si se lo decía todo, acostumbrado a los golpes como estaba. Si ella hubiera sido distinta, le habría dicho la verdad. Si él hubiera sido distinto, las cosas no serían como eran.
Entonces sólo le quedaba eso, un despojo de poema sin título como un niño huérfano y errante. Un poema que se semejaba a su inspiración: un amasijo de sangre y sentimiento, un alma blanca y baldía, una letra sin música ni músico que la interprete. Un poema que no es más que un cero a la izquierda, deambulando solo en el mundo de los pares…

(Silencio es todo lo que queda.)

"Lo que se deja expresar, debe ser dicho de forma clara; sobre lo que no se puede hablar, es mejor callar". Ludwig Wittgenstein

sábado, 7 de mayo de 2011

Hannah y su herida (Vuelta al pasado)


Luego de su liberación, en la zona de su herida le empezó a crecer un bulto. Una vez soñó que se convertía en una masa deforme, gigante y monstruosa. Todos los días cuando se miraba en el espejo trataba de imaginarse cómo sería la vida sin ella.
Un punto sin retorno era su vida y cuando lo miraba todos los días se daba cuenta que ya no se querían. No sólo ya no lo amaba sino que detestaba su sola presencia y se sentía mal por seguir necesitándolo. La distancia entre ellos era cada vez mayor y las anteojeras le molestaban en los ojos. Si él pudiera ver las cosas como eran antes del mercadeo de los cara de nada. Pero se dio cuenta cuando miraba en sus ojos que él no tenía ni idea de nada y que era uno más de ellos. Se sintió culpable por sentir pena.
Un día cuando estaba en el trabajo evitando a su jefe, la herida comenzó a laterle. También le sucedía cuando ponía la mente en blanco para no contestarle mal a un cliente. Entonces comenzó a ver las sombras y se dio cuenta que dormía con el enemigo. La herida latía cada vez más fuerte y resultaba difícil disimular. Por las noches antes de dormir se preguntaba cuándo estallaría.
Estaba fuera de ella, se sentía separada de todo, anexada en un mundo propio que no sabía si era real o existía sólo en su cabeza. Estaba enajenada todos los días un poco más: en su trabajo, con su novio y en las conversaciones con ciertas personas. Necesitaba escaparse antes de que las sombras se apropiaran de ella.
- Todo para su living, contamos con un stock de más 400 sillones. ¡Pase por nuestra sucursal más cercana!- dijo el locutor del aviso radial estirando las últimas palabras.
- ¿El lunes te parece si vamos nena? Tenemos que cambiar el nuestro, ¿no te parece?
- ¿Qué?- no lo había escuchado mientras pensaba cómo hacer para dejarlo.
- Te decía de cambiar el sillón, ¿te sentís bien? Si es tu jefe de nuevo, cuando lleguemos a casa te vas a olvidar de todo- le dijo sonriendo.
- Como quieras, todo está bien. Estoy un poco cansada nada más…
El estacionó el auto y ella pensó automáticamente en no entrar. Pero no pudo hacerse cargo y abortó la idea.
A la mañana siguiente se sintió peor y cuando se estaba por meter en la ducha la vio: grande, monstruosa, esa parte de ella en su pierna que pugnaba por explotar en un mar de pus. Esa parte que negaba, que intentaba alejar pero que como una presencia constante le recordaba la vida que ya no quería. Resolvió que ya era suficiente, tomó una gasa, la embebió en alcohol y presionó con todas sus fuerzas. Sintió el mareo al ver la sangre y el mismo dolor que cuando dejó el escaparate. Estiró su mano de diez dedos para sujetarse a las canillas de la pileta. Lo vio todo en un segundo: las mentiras de él, la desidia entre ellos y las noches gastadas en vano. Sintió que ya no era ella, que esa era parte de una historia remota en la que había participado y que ahora estaba muerta. Respiró hondo por primera vez después de mucho tiempo: se dio cuenta que era libre porque ya no lo quería. Todavía un poco mareada decidió preparar el desayuno y armar las valijas.

sábado, 16 de abril de 2011

Hannah y las muñequitas de barro


Estaba creciendo cada vez más, era deforme, gigante y monstruosa. Todos los días cuando se miraba en el espejo trataba de imaginarse cómo sería la vida sin ella…
Los reproductores mentales habían fracasado y el dios mundano de todos se le había muerto hacía tiempo. Sí,  aquella vez cuando decidió no ser parte del trueque de almas. Supo entonces que si el lugar común del conformismo se convierte en hastío, ya no hay chance para lo nuevo. Hasta la diferencia es una marca registrada en la tierra de los logos. Los cara de nada le endulzaron la vida para que ocupara el estante asignado a las muñequitas de barro, ellas siempre ríen al unísono mientras ensayan nuevos gestos y poses.
Releería las páginas del libro que siempre leía, tal vez esta vez el equilibrista no se moriría. Un Dios muerto de risa y un camello la esperarían para ir a dar una vuelta por el eterno retorno. Supo que era así desde antes de nacer y no pudo lamentarlo. Cargaba siempre la existencia a cuestas sin lugar vacante para la negación.
Transitó por las galerías de convenciones de televisores con su miseria de última moda. La sonrisa impostada de los cara de nada (raza evolucionada más allá de la conexión-desconexión) no logró convencerla para que se uniera a ellos. Le ofrecieron todo, le mostraron un uniforme hecho a su medida pero con diferentes colores.
- Ahora todos y al mismo tiempo vamos a lograr lo que queremos. Sólo tienes que agregar horas y sumar puntos de colores para tu vestido. ¡Y no pierdas el tiempo decidiendo, que no hace falta!- le gritaron acompasados a los pasos de baile de las muñequitas.
Buscó quien la ayudara a encontrar la salida y observó cómo todas bailaban hipnotizadas sin advertir sus preguntas.
-¿Alguien que me diga por favor si sabe como salir de acá?- rogó entre la música cacofónica y las coreografías interminables.
 Le contestaron riendo. Una se le acercó y le recitó:
- Mírame qué bella soy,
¿no soy la perfección?
Mis almohadas blandas son,
mi cabeza una ilusión.
Para arriba, para abajo,
todo el día paso yo.
Junto puntos de colores
practicando nuevos pasos:
uno, dos, uno, dos,
uno, dos, uno, dos…

- ¡Vamos todos: uno, dos, uno, dos!- marcaron el ritmo los cara de nada.
Se la llevaron por delante y la empujaron contra un escaparate con luces brillantes. Golpeó el vidrio intentando romperlo, pero no pudo. Encontró una grieta y la golpeó con fuerza con uno de sus pies. El vidrio se quebró y una astilla se le clavó en una de las piernas. La arrancó y se quedó mareada observando la sangre. Sus dedos eran dobles y se agitaban suavemente como llamas. Sintió dolor y sin detenerse cruzó al otro lado. La misma calle de siempre la esperaba. Quiso haberlo soñado todo, aunque temió nunca poder despertarse.
-Es el espacio en sus cabezas lo que los mata- pensó mientras subía los escalones de su casa.

sábado, 2 de abril de 2011

Hannah y su presente



Había hecho todo lo que podía y finalmente se le habían agotado los recursos. El problema es que lo había intentado ya como tres veces y la resignación no aparecía. Se engañaba creyendo que algún día sería aquello que no debía ser. ¿Cuál era la interferencia entre su razón y su emoción? ¿Por qué se resistía a aceptarlo? Necesitaba algo distinto que le mostrara el por qué. ¿Es que siempre tenía tanto para dar a quien estaba harto de recibirlo? Tal vez eso de buscar la figurita difícil era un remanente de su otra vida. La verdad es que estaba cansada de las causas perdidas. Tal vez cuando dejara de luchar el tiempo le daría una tregua. Sabía que la merecía.
Estaba empezando a amanecer y caminaba rumbo a su casa. Se preguntaba cómo sería ese mismo día al año siguiente. Decidió que pondría la energía en otra cosa y que ya no se esforzaría. También quiso prometerse que por la mañana no cambiaría de opinión. Las resoluciones tomadas sin dormir se evaporan igual que promesas como dejar de fumar, empezar el lunes el gimnasio o hacer ese curso mil veces postergado. Son momentos de lucidez efímera que después no queremos ver.
Pero algo le decía que esta vez iba  a ser diferente aunque tuviera que plantarse en el desierto. Todo se desdibujaría y no tendría direcciones para saber hacia dónde dirigirse. Tendría que perderse para encontrarse como dijo alguien una vez. No era momento para mirar atrás, pero la retrospectiva de su vida le indicaba que siempre había sabido por dónde ir a pesar de todo. A pesar de tener los ojos deshechos ciertos días y de tener que ser consciente de ello (lo que resultaba aún peor). Porque a veces lo que queda no siempre es la esperanza, sino ese sentimiento tan auténtico que tiene mala prensa. Ese sentimiento que aunque no se lo quiera y se lo evite nos pertenece después de los huracanes. Como le dijo un amigo una vez, ese que tiene la culpa de la existencia de la mayoría de las cosas que te gustan.
Lo peor había pasado por eso iba a seguir su rumbo tratando de despreocuparse y confiando en que finalmente las partes se acomodarían al todo. Ya se había hermanado lo suficiente con su dolor y se habían dado la mano como viejos amigos. Ahora estaba dispuesta a empezar desde cero su marcha hacia la nada, hacia la alegría de ese instante inesperado de iluminación.

lunes, 31 de enero de 2011

Hannah y el caos

Detuvo el motor y la miró a los ojos. Supo que le pertenecía.
Ella había pasado mucho tiempo tratando de evitarlo porque presentía los problemas. Si por ejemplo estaba en un lugar lleno de gente, contaba cuántas personas vestían de rojo o se embarcaba en conversaciones fútiles. No les resultaba fácil tirar la primera piedra y la tensión de la espera agregaba un toque agridulce. Ambos sabían que ya era tarde para curarse.
Ella había estudiado sus movimientos largo tiempo y se había detenido en lugares insospechados como el vello de sus brazos o los cordones gastados de sus zapatillas. Sabía que se comía las uñas y se daba cuenta cuando estaba triste por el brillo de sus ojos. El a veces no podía disimular que le gustaba y cuando se descuidaba le dirigía una de sus largas miradas.
Estuvieron meses en una suerte de absurda guerra fría de aparente indiferencia. Pero ya tenían la idea y era sólo cuestión de tiempo para que se pusieran de acuerdo. La calma antes de la tormenta estaba por quebrarse.
Esa noche era ahora o nunca para ellos. Más ahora que nunca a partir del momento en que él se ofreció para llevarla.
 - No me digas que nunca pensaste algo como eso- le dijo él en el semáforo.
 - Sí, es cierto. Vos sabés mejor que yo como termina la historia y miento si te digo que no- le contestó ella cuando cruzaban la calle.
- Y como nadie se dio cuenta, después la embarrás del todo porque ya que te ensuciaste…
- Es el sabor de hacer lo que se supone que no se debe hacer, ¿no?
El asintió y dobló en la esquina. La última frase resonaba entre ellos. El la miró detenidamente mientras ella le indicaba dónde quedaba su casa. Observó con atención el movimiento de sus manos señalando y el color de sus uñas. Ella se dio vuelta y advirtió lo que decían sus ojos. No se esforzó por ocultarse porque ya no tenían por qué resistir al aire que libremente fluía. Ya no tenían que dar ni que pedir consejos. Ni que pensar en hacer las compras o en trabajar hasta tarde. Nada. No había nada entre ellos que lo tenían todo: un hermoso caos esperándolos.

miércoles, 19 de enero de 2011

Hannah y los raros


La  soledad le resultaba conocida. La costumbre no era algo que se podía perder fácilmente, lo sabía de sobra y no pretendía negarlo. Ningún mal hábito se pierde de un día para otro. Rebotaba siempre en el mismo lugar y tenía que hacer siempre el trabajo del otro.Como si tuviera que  recordar todo los días dónde le tocaba vivir. 
Se dio cuenta en un segundo que se había equivocado y quiso retroceder un momento. Se imaginó cómo hubiera sido todo si las cosas no hubieran sucedido, si hubiera aprovechado ese momento. 
Trataba siempre de olvidar antes que doliera y no era de quebrarse fácilmente. Buscaba las palabras adecuadas y no las encontraba, decidió entonces llamarse a silencio por un tiempo hasta notar una leve mejoría. Nada, todo seguía igual y se preguntaba hasta cuándo sería el cielo rojo. 
Se inventó una manera de no llorar e hizo un lugar en su cabeza para todo lo que no tenía. Era como querer gritar abajo del agua, simplemente no se podía. No se podía y ella lo sabía, ¿entonces por qué insistía? ¿Por qué su constante obstinación? ¿Se trataba de un inconsciente optimismo de su parte, un dejo de esperanza que se esforzaba por invadirla? A pesar de todo siempre lo intentaba y aunque quedara con los ojos negros iba a hacerlo nuevamente. Siempre contra la misma piedra en un monótono deja vu. 
Recordó la absurda conversación mantenida la noche anterior con una persona a la que apenas conocía. Le habían dicho que estaba a la defensiva y ella no fue capaz de retrucarle en la cara lo que pensaba porque no tenía ganas. Tendría que haberle dicho a ese imbécil todo lo que pensaba, pero tal vez no valía la pena gastar el tiempo. Por eso se dio cuenta que a veces no hablaba con la gente. 
Y después esas minas que hacían observaciones idiotas acerca de los raros del lugar. No podía creerlo y lo peor es que no se iban, ¿se trataría de un extraño caso de voyeurismo de rubias taradas? Las cosas que le tocaban ver a ella, si lo contaba no se lo creerían. A veces no entendía los lugares en los que la metía la vida. Miraba a su alrededor y sentía pena por las estrellas caídas y por todos los que no tenían nada mejor. Por todos los que se lastimaban por decir no. Pero se emocionaba pese a todo porque sabía que eran seres bellos que iban en contra de la corriente. Aunque muchos pensaran que no servían para nada, como esas minas llenas de ese asco que las afeaba. Manga de hipócritas, ¿qué se piensan qué es esto, un circo? ¿Qué están todos para entretenerlas en sus vidas estándar? 
Ya le había tocado sufrir por ser distinta y había decidido no esforzarse más por encajar en un modelo que no le interesaba. Lo mejor que había hecho era asumirlo y no preocuparse por ser lo que era. Era liberador, saber que no tenía que ser de otro modo y que quien la quisiera iba atener que aceptarlo. Vivir a pesar de todo lo que escuchaba, de todo lo que le querían vender o de las opiniones que le querían formar. Fue entonces que supo en un instante lo hermoso y triste que resulta todo a veces.